Las infraestructuras públicas se caen a pedazos
Las infraestructuras públicas se caen a pedazos
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Las infraestructuras públicas se caen a pedazos
Graves incidencias en el Hospital Virgen del Puerto (Plasencia), la Universidad Laboral (Cáceres) y el Centro Residencial Nuestra Señora de las Cruces (Don Benito)
El pasado viernes 6 de febrero, la Junta de Extremadura decidió cerrar la lavandería del Hospital Virgen del Puerto de Plasencia, después de que una trabajadora sufriera el atrapamiento de una de sus manos por el mal funcionamiento de una calandra, la máquina que plancha y dobla la lencería del centro. La Consejería de Salud y Servicios Sociales reconoció que la máquina tiene 30 años de antigüedad, y experimentó un fallo en su sistema. No es lo único que sucede en el hospital placentino, pues también se desprendió una cubierta del tejado a causa del viento, y aparecieron goteras y charcos, elevando el riesgo laboral por electricidad y crecimiento de microorganismos. Se une a largos veranos sin aire acondicionado o la carencia de vestuario para el personal.
Al día siguiente, pudimos ver fotografías del IES Universidad Laboral de Cáceres con mantas por los suelos para tratar de absorber el agua que manaba profusamente de las goteras que se han convertido en paisaje del centro. Hablamos de un edificio singular, que fue reconocido el año pasado como paradigma de la arquitectura moderna, y que, sumando todas sus actividades docentes y residenciales, acoge a más de 1.500 personas. El centro, que data de 1967, nunca ha emprendido una reforma de la cubierta, en más de medio siglo, contando aún con un tejado de cobre con numerosos desperfectos que afectan incluso a las aulas, donde cada vez resulta más difícil impartir clase. Aunque desde 2020, con el Gobierno anterior, se aprobó la sustitución de las cubiertas, con un presupuesto de más de dos millones de euros, seis años después aún no se han comenzado las obras.
A finales del mes de enero, el SIP tuvo conocimiento directo de que en el Centro Residencial Nuestra Señora de las Cruces (Don Benito), trabajadores y usuarios tienen que mojarse los pies para trasladarse por dependencias totalmente inundadas, debido a las graves deficiencias que también provocan goteras en pasillos, salones y habitaciones; del mismo modo, tuvimos noticia de que los usuarios no pueden, en pleno invierno, asearse con agua plenamente caliente, teniendo que conformarse con agua templada limitada, y debiendo esperar a que vuelva a calentarse, lo que obliga a hacer turnos de ducha que, por otro lado, nunca termina por ser del todo confortable. Además, en el módulo educacional no hay calefacción desde hace aproximadamente una década. Todo esto ocurre apenas tres meses después de finalizada una reforma supuestamente integral con un coste superior a los dos millones de euros.
Estos tres ejemplos son solo la punta del iceberg del estado de las infraestructuras de la Junta de Extremadura, que, en muchos casos, está obligando a los empleados públicos a correr riesgos sanitarios y laborales graves e innecesarios. Son el síntoma de la falta de inversión suficiente por parte de la Administración, de la despreocupación por el bienestar de ciudadanos, usuarios y trabajadores, de la falta de control de las obras adjudicadas a empresas privadas y, en fin, de una absoluta carencia de planificación a largo plazo que siempre obliga a los responsables de la Junta a tapar agujeros tarde, mal y nunca, sin posibilidad alguna de abordar los planes de mejora que necesitan la inmensa mayoría de instalaciones. Es fácil imaginar cómo se encuentran otros centros, si espacios sociosanitarios y educativos tan relevantes como los tres citados sufren este gravísimo deterioro.
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